Un homenaje a
Deolindo Amorim
Milton Medran Moreira
Asesor de Relaciones
Internacionales de CEPA
Los directivos de CEPA y la Comisión Organizadora del XXIII Congreso de CEPA (Salou/Tarragona/España/octubre 2020) estuvieron muy acertados al elegir como temática central del citado evento “El Espiritismo ante los Desafíos Humanos”, inspirándose en la obra inmortal del pensador espírita brasileño Deolindo Amorim (1906/1984), jurista, periodista y escritor que, entre otros importantes libros de genuinas características humanistas y cultivadoras del librepensamiento kardecista, nos legó “El Espiritismo y los Problemas Humanos”.
La obra de Amorim, como
igualmente pretende ser el Congreso 2020, de CEPA, es la viva demostración de
que el espiritismo va mucho más allá de la simple condición de una creencia,
para constituirse en vigorosa propuesta de transformación del mundo, a partir
de un nuevo paradigma de conocimiento en cuya base está el espíritu inmortal,
llamado a alcanzar la felicidad y el progreso. Al tratar de enfrentar los
“problemas humanos”, desde los valores intrínsecos a su filosofía, el
espiritismo deja clara su inquebrantable creencia en el hombre y su capacidad
transformadora.
En la obra que ha
inspirado el tema central del Congreso de CEPA/2020, Deolindo Amorim enfatiza
admirablemente las raíces humanistas de la propuesta espiritista, ya que el
espiritismo se halla históricamente vinculado al legado de la ilustración del
siglo anterior a su nacimiento. Pero advierte que el humanismo espírita
trasciende los aspectos de un mero orden social y económico para contemplar al
ser humano, en primer lugar y fundamentalmente, como “ser moral”: “Estar interesado en el hombre -escribe- es tratar de comprenderlo profundamente en
sus virtudes y ayudarlo a reformarse para saber ocupar su lugar ante el mundo y
las leyes divinas, no es reducir las dimensiones del problema, situándolo solo
en las necesidades del estómago”. Por lo tanto, dice: “Lo que se puede observar en la Doctrina Espírita es una preocupación
insistente con el hombre, no solo en términos de bienestar, que es una
condición normal de decencia en cualquier sociedad bien organizada, sino
también con respecto a los valores intrínsecos de su personalidad”.
Así, para Amorim, “la solución espírita es mucho más humanista
que las soluciones de interés simplemente político, ya que no basta ofrecer lo
necesario para la subsistencia, que es un deber elemental, ni promover ascensos
al poder improcedentes, porque es necesario educar, preparar al hombre, así
como también mejorar el sistema que lo rodea y eliminar los hábitos, ideas y
procesos defectuosos”.
El humanismo proclamado
por el espiritismo, y claramente asimilado, comentado y recomendado por
Deolindo Amorim, ofrece la clave para enfrentar de forma efectiva los
“problemas humanos” de nuestro tiempo, incluso porque se basa en valores intemporales,
pero que nos capacitan para hacer la lectura correcta de las características
específicas de cada tiempo y lugar.
El homenaje que se rinde
al fecundo pensador espírita brasileño, en este primer Congreso de CEPA en
tierras europeas, inaugurando así el perfil intercontinental de la entidad, es,
además, un oportuno recordatorio del vínculo real de Deolindo Amorim con la
antigua Confederación Espírita Panamericana, en los inicios de la existencia de
CEPA, y su total adhesión al proyecto kardecista e integrador que inspiró la
fundación de la institución, antes panamericana y, ahora, internacional. De
hecho, el II Congreso Espírita Panamericano, en 1949, tres años después de su
fundación, se celebró en Río de Janeiro, promovido por la Liga Espírita de Brasil,
de la cual Amorim era el dirigente. Ejerciendo la Secretaría General del
evento, Deolindo Amorim fue su verdadero cerebro, marcando indeleblemente la
historia de CEPA en Brasil, con la elección, allí, de Pedro Delfino Ferreira,
para la presidencia de la entidad.
Sabido es que, justo en
ese momento, y como contrapunto a los esfuerzos de CEPA para divulgar una
visión laica y librepensadora del espiritismo, la propagación de la versión
religiosa y evangélica del espiritismo se intensificó en Brasil. Precisamente
con motivo del Congreso CEPA, en Río, la Federación Espírita Brasileña promulgó
el documento denominado “Pacto Áureo”, de clara inspiración roustainguista y
con el propósito de “unificar” la “religión espírita”, alejando de ese modo la
influencia, la convivencia y coparticipación, en el movimiento, de pensadores
de formación genuinamente kardecista. Tal política hegemónica, de connotación
religiosa, es la responsable de hacer de Deolindo Amorim una personalidad poco
recordada en el movimiento evangélico-espírita de Brasil. Cupo y cabe a CEPA el
deber de restaurar su insigne figura en la lista de los más importantes
pensadores de la historia del genuino espiritismo, kardecista, progresista y
librepensador.
El XXIII Congreso de
CEPA, en buena hora, hace este importante rescate histórico.
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