Jacira Jacinto da Silva
Abogada, Presidente de la CEPA - Asociación Espírita Internacional
Abogada, Presidente de la CEPA - Asociación Espírita Internacional
Nunca habrá un año nuevo si sigues copiando los errores de los años viejos.
Luís de Camões
Luís de Camões
Estimados compañeros, con gran alegría me acerco nuevamente a los lectores
de nuestro Boletín CEPA Newsletter, justo al comienzo de un nuevo año.
Escribo aún en medio de las fiestas comunes a la conmemoración de cambio de
año. Estamos encarnados y eso ya sería suficiente motivación para las
celebraciones.
Ahora vean, ¿deberíamos entonces deducir que también para los espiritistas
la muerte es indeseable? Esto no es lo que pretendo decir, porque en muchas
situaciones la muerte es necesaria.
Saber que el espíritu es inmortal, que hemos venido al mundo para aprender
y crecer y que también podemos continuar aprendiendo y creciendo después de la
muerte física, que incluso podemos comunicarnos eventualmente con los
desencarnados y que siempre evolucionamos, de hecho, hace mucha diferencia para
cualquier persona.
Los conceptos espíritas permiten comprender mejor las situaciones adversas,
como la muerte prematura de un ser querido, por ejemplo, incluso con toda la
tristeza que produce esta separación repentina y prematura. Permite decir
"ve en paz" cuando la persona amada ya no encuentra la energía para
soportar la existencia; nos da la capacidad de interpretar como
"oportunidad" un desafío que puede parecer una desgracia.
Aunque en este contexto positivo podemos entender incluso la muerte, no se
puede ignorar la finalidad oportuna y progresista de la encarnación. Quizás en
ningún otro texto de filosofía espírita haya una explicación tan clara sobre el
objetivo de la encarnación humana como en la segunda parte de la respuesta a la
pregunta 132 de El Libro de los
Espíritus. Es importante recordar:
“(...) La encarnación tiene también otro objeto: el de poner al Espíritu en disposición de cumplir su tarea en la obra de
la creación, para cuya realización toma en cada mundo un cuerpo en
armonía con la materia esencial de aquel, y ejecutar, bajo este aspecto, las
órdenes de Dios, de manera que, concurriendo a la obra general, el espíritu
progrese también.”
Hay una parte que nos toca, a todos en conjunto y cada uno individualmente,
en el trabajo de creación: es nuestro deber mejorar nuestro entorno,
preocuparnos por lo que no está de acuerdo con la belleza y la generosidad de
la naturaleza. Recibimos luz, agua y calor en abundancia, pero no siempre nos damos
cuenta de la infinidad de problemas que nos rodean, que requieren acciones
humanas para mejorar el mundo.
Cuando comenzamos a despertar esta conciencia, nos sentimos agradecidos por
la oportunidad de seguir viviendo aquí. Pasar por un período más de festividades
navideñas y embarcarnos nuevamente en la aventura de trabajar otro año, por
nosotros, por nuestras familias, por la filosofía espírita, por las causas
sociales con las que estamos en sintonía, por algo bueno para el mundo, es una
experiencia feliz, regalo de la vida para nuestro progreso.
Ciertamente, es tiempo de reflexionar sobre las lecciones dejadas por Jesús
de Nazaret - este hombre que ha impactado tanto a la humanidad. Y para
comprender su grandeza bastaría con analizar la respuesta a la pregunta 822 de
El Libro de los Espíritus, derivada de una de las más célebres lecciones que se
le atribuyeron: “No hagáis a otros lo que no quisierais que se os hiciese."
Contrariamente a lo que muchos religiosos piensan y preconizan, no está
prohibido ser feliz. La lección espírita propone que vivamos la vida con
alegría; que nos reunamos en fiestas y que nos permitamos sonreír y cantar.
Pero, pasadas las fiestas comunes en los finales de año, queda la realidad,
la vida tal como es. A pesar de todos los deseos de suerte y felicidad, el
progreso solo sucederá si creemos en nuestra capacidad para lograrlo. Entonces,
en el umbral de un nuevo año, si bien las palabras positivas son bienvenidas,
nos queda a nosotros la realización de las tareas pendientes.
Y cuando estudiamos filosofía espírita nos encontramos con un faro que
dirige nuestras energías a lugares que no queremos mirar. Por más que nos
resistamos, es necesario enfrentar esta ceguera en la que nos encontramos. La
referencia espírita de "amar" nos dice que seamos leales, sabios,
concienzudos, que hagamos a los demás lo que queremos que nos hagan a nosotros;
nos dice que busquemos a nuestro alrededor el significado interno de todos los
dolores que afligen a nuestros hermanos para calmarlos; propone que consideremos
nuestra a la gran familia humana, porque esta familia la encontraremos, dentro
de cierto período, en mundos más avanzados, y los Espíritus que lo componen
son, como nosotros, hijos de Dios, destinados a elevarse al infinito.
Sin embargo, hemos preferido observar solo nuestras propias necesidades.
Es tiempo de preguntar qué diferencia están haciendo estos preceptos
espíritas en nuestras vidas, después de todo, ¡ganamos otro año de
oportunidades!
No vamos a arreglar el mundo en 2020, por supuesto, pero dado que este es
nuestro deber, aunque no nos demos cuenta, podemos comenzar a modificar algo
dentro de nosotros mismos.
Las fiestas comunes de fin de año alegran nuestras vidas, nos aproximan a
los amigos y familiares, facilitan el intercambio del bienestar común y nos permiten un cierto descanso de la
rutina agotadora, como reequilibrando nuestra "casa mental".
Pero como la vida continúa y felizmente continuamos aquí, debemos meditar
la importancia de esta oportunidad. Otro año es la dilatación de nuestro
tiempo, motivándonos a trabajar con alegría por más construcciones positivas en
este mundo tan marcado por las desigualdades sociales, por las necesidades
afectivas, por los enfrentamientos odiosos, por la intolerancia, por el
predominio del poder económico, etc.
La palabra de la CEPA en este inicio de año se basa en la esencia de la
filosofía espiritista, que propone hacer
por nuestro prójimo lo que nos gustaría que nos hicieran.
Para cerrar este texto, deseo a todos un 2020 muy productivo y que sepamos
divisar las oportunidades para dedicar nuestras energías en las causas
verdaderamente relevantes, dejando un fragmento de "El Evangelio Según el Espiritismo" como sugerencia:
"Amar al prójimo como a uno mismo: hacer por los demás lo que uno
quisiera que los demás hicieran por nosotros" es la expresión más completa
de la caridad, porque resume todos los deberes del hombre hacia su prójimo. No
podemos encontrar una guía más segura a este respecto para tomar como modelo,
de que debemos hacer a los demás, lo que para nosotros deseamos".1
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1El Evangelio Según el Espiritismo - Cap. XI
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